jueves, 14 de enero de 2016

Correspondencias

Querido H.:

Te escribo una vez llegados a destino. No sé cómo te haremos llegar estas líneas, la verdad. Mamá dice que yo escriba, que ella ya se encargará de hacértelas llegar, pero tengo mis dudas. Quién sabe si tendrás manera de leerlas... El viaje ha sido duro y agotador. Hemos pasado mucho frío y calamidades hasta llegar aquí. Ante las noticias del recrudecimiento de los ataques decidimos salir dejándolo todo atrás. Ya sabes que hace meses que no sabemos nada de papá. Quién sabe, quizá alguien en el campo tenga alguna información sobre él…
Autor: John Stanmeyer; Fuente: National Geographic
Mamá dice que ahora que hemos llegado todo empezará a mejorar, pero yo no estoy tan seguro. No entendemos a los oficiales que custodian el campo y de momento no tenemos tienda donde refugiarnos. Hemos visto a mucha gente pasarlo mal durante el viaje, muchos han quedado en el camino. No sé qué será de nosotros.

En el campo hay muchos chicos y chicas de mi edad. También hay muchos niños más pequeños. Cuando les veo correr alrededor de las vallas me acuerdo mucho de ti, de nosotros, de cuando corríamos despreocupados tras la pelota por las calles del pueblo. Tengo la sensación de que ha pasado mucho más tiempo del real, como si los días, las semanas del viaje, me hubieran hecho crecer y madurar más rápido de lo normal.
Autor: John Stanmeyer; Fuente: National Geographic
Llevo todo el día a M. pegado a mis pies. A veces le animo a que vaya a jugar con el resto de críos pero ya sabes cómo es. Me entristece mucho ver a mi hermano pequeño tan apagado y asustado. Me pregunto cómo le afectará todo esto que estamos viviendo, cómo le condicionará en el futuro... Espero que pronto podamos salir de aquí e ir a vivir a nuestra propia casa hasta que podamos volver a S. Sé que no será fácil, pero ésa es nuestra ilusión.

Mientras tanto intentamos ayudar en todo lo que podemos. J. y H., dos chicas un poco mayores que yo, junto con M., una maestra jubilada, han creado una especie de “escuelita” para trabajar con los más pequeños. Además, han empezado a confeccionar una pequeña revista donde escriben sobre el día a día del campo. Creo que les echaré una mano en lo que pueda. Será una manera de contribuir a romper este aislamiento en el que vivimos y que muchas veces recuerda a una prisión.
Autor: John Stanmeyer; Fuente: National Geographic
Se comenta en el campo que parte de la población local no está demasiado contenta con nuestra estancia aquí. Se dice en los medios conservadores que entre las familias de refugiados que llegamos se ocultan “fugitivos, desertores e indeseables”. Yo no dudo que habrá de todo, pero lo que yo veo entre los ocupantes del campo es, sobre todo, miedo. Miedo y mucha incertidumbre incertidumbre. En cualquier caso, muchas familias se han acercado al campo a donar alimentos y a mostrarnos su apoyo.

En fin, ésta es nuestra situación. Me despido esperando poder escribirte con nuevas noticias o, mejor aún, deseando poder contártelas en persona después de darte un fuerte abrazo. Dale muchos recuerdos a tu familia y, sobre todo, cuídate mucho.

Un abrazo.

M.A.

Bram, Francia
1939

NOTA: Esta es una carta ficticia que, limitaciones literarias de su autor al margen, pudiera ser perfectamente real. Es más, con alguna pequeña modificación, se trata de un texto que podría escribir hoy en día cualquier adolescente en cualquiera de los campos de refugiados que pueblan el continente europeo. Tenemos la memoria muy corta y parece que nos esforcemos por olvidar que hace muy poco nosotros fuimos los refugiados, que muchos de nuestros familiares fueron quienes se vieron obligados a dejarlo todo para salvar sus vidas. Algunos de los elementos de la carta son bien reales, como la revista “Exilio” creada en el campo de Bram (Francia) en 1939 por Cesáreo Borque Echevarría para distraerse (y distraer) a los internos o como la presión que determinados medios de comunicación franceses - que no gran parte de la población civil - ejercieron sobre los exiliados republicanos españoles (1). Presión que, por otra parte, me recuerda mucho a determinadas proclamas incendiarias presentes en los medios de comunicación actuales en relación a la llegada de refugiados a Europa. En fin, tengamos, pues, bien presente la memoria y, sobre todo, tengamos bien presentes a los NIÑOS.

(1) La calificación de “fugitivos, desertores e indeseables” mencionada en la carta es, de hecho, bien real. Véase, Salgas-Candoret, Emmanuelle; “Une population face à l’exil espagnol. Le cas des Pyrénées-Orientales (janvier-septembre 1939)” en Exils et migration. Italiens et espagnols en France. 1938-1946, Milza, Pierre et Peschanschi, Denis (coord.), Éditions L’Harmattan, Paris, 1994, pp. 315-316

Ramón Paraíso Gallardo
@monparaiso

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